El amor de Dios
por cada embrión humano,
según
Benedicto XVI
Fuente:
Autor: SS Benedicto XVI
Tú has creado
mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido
portentosamente,
porque son admirables tus
obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.
Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis
acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.
¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es
su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los doy por terminados, aún me quedas tú.
Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno.
1. En esta audiencia
general del miércoles de la octava de Navidad,
fiesta litúrgica de los
Santos Inocentes, reanudamos nuestra
meditación sobre el salmo
138, cuya lectura orante nos propone la liturgia de las Vísperas en dos etapas distintas.
Después de contemplar en la primera parte (cf. vv. 1-12) al Dios
omnisciente y omnipotente, Señor del
ser y de la historia, ahora
este himno sapiencial de
intensa belleza y pasión se
fija en la
realidad más alta y admirable
de todo el universo, el hombre, definido como el "prodigio" de Dios (cf. v.
14). En realidad, se trata
de un tema en profunda sintonía con el
clima navideño que estamos viviendo
en estos días, en los
que celebramos el gran misterio del Hijo
de Dios hecho hombre, más aún, hecho Niño por nuestra salvación.
Después de considerar la
mirada y la presencia del Creador que se extienden por todo
el horizonte cósmico, en la segunda parte del salmo que
meditamos hoy, la mirada amorosa
de Dios se fija en el ser humano, considerado en su inicio pleno y completo. Aún es un
ser "informe" en el
seno materno: algunos estudiosos de la Biblia interpretan
la palabra hebrea que usa el salmo como
equivalente a "embrión", descrito mediante esa palabra como una pequeña realidad oval, enrollada, pero sobre la cual ya
se posa la mirada benévola y amorosa de los ojos de Dios
(cf. v. 16).
2. El salmista, para definir la
acción divina dentro del
seno materno, recurre a las
clásicas imágenes bíblicas,
mientras que la cavidad generadora de la madre se compara a "lo
profundo de la tierra",
es decir, a la constante vitalidad de la gran madre tierra
(cf. v. 15).
Ante todo, se utiliza el símbolo del
alfarero y del escultor,
que "forma", que plasma su creación artística, su obra maestra, precisamente como se decía
en el libro
del Génesis con respecto a la creación
del hombre: "El Señor Dios
formó al hombre con polvo del suelo" (Gn 2, 7). Luego viene el símbolo del "tejido", que evoca
la delicadeza de la piel, de la carne, de los nervios "entretejidos" sobre el esqueleto.
También Job evocaba con fuerza estas y otras imágenes para exaltar la obra maestra que es la persona
humana, a pesar de estar golpeada y herida por el sufrimiento:
"Tus manos me formaron, me plasmaron
(...). Recuerda que me hiciste
como se amasa el barro
(...). ¿No me vertiste como leche
y me cuajaste como queso?
De piel y de carne me vestiste y me tejiste de huesos y de nervios" (Jb 10, 8-11).
3. Sumamente fuerte es, en nuestro salmo, la idea de que Dios ya ve
todo el futuro de ese embrión aún "informe": en el libro
de la vida del Señor ya están
escritos los días que esa criatura vivirá y colmará de
obras durante su existencia
terrena. Así vuelve a manifestarse
la grandeza trascendente del conocimiento divino, que no sólo abarca el pasado y el presente de la humanidad, sino también el arco todavía oculto del futuro. También se manifiesta la grandeza de esta pequeña
criatura humana, que aún no ha
nacido, formada por las
manos de Dios y envuelta en su amor: un
elogio bíblico del ser humano desde el primer momento de su existencia.
Si deseas ver las imágenes 3D y 4D de un embrión en sus primeras semanas de vida en el vientre materno, en las cuatro
primeras imágenes, haz clic, para ver el video.
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